Amadísima Luisa mía; así comenzaba la carta que escribió el general José María Torrijos el 11 de diciembre.
Antes de que el sol dibuje
las luces del mediodía,
se habrá cumplido mi suerte
y, con fusiles de muerte,
acabarán con mi vida.
Con gran resignación,
fiel a mis principios, limpia mi conciencia,
es la última noche que ve mi existencia
te escribo estas letras llenas de emoción.
Amada mía,
mi leal compañera,
tú que, siempre a mi vera,
luchaste de verdad,
sabes que te amaré
hasta la eternidad,
cuando juntos vivamos
cielos de libertad.
Por salvar, por salvar
del tirano a nuestra nación
moriré, pero no me arrepiento,
y mis labios, con su último aliento,
dirán una oración
por ti, desde mi corazón.
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