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Y el público en el teatro Alameda repetía al unísono: ¡An-da-lu-ces! (1985)

Mar, 07/02/2017 - 20:28 -- David Delfín

A mediados de los años ochenta todos éramos andaluces del futuro.  La generación que venía de protagonizar la Transición había asumido una condición relevante mientras el entorno se transformaba sin tregua ni descanso, y el futuro ya no era el día de mañana sino el mañana que se construye día a día. Una vez más había un porvenir que estaba por dilucidarse, una tarea en la que también estuvieron los malagueños que reanudarían el carnaval.

Qué gran tipo el de Andaluces del futuro, decían los aficionados. Era 1985. José Rodríguez Santos, el Triana; y Curro Román habían disfrazado su comparsa marbellí mitad tradición y mitad fantasía carnavalesca, y el público en el teatro Alameda repetía al unísono: ¡An-da-lu-ces!, seguramente como ese conjunto de afirmaciones que se cobijan detrás de las grandes palabras y que expresan mucho más de lo que se está diciendo. Sobre el escenario: coplas y disfraces. En el patio de butacas: la celebración de las afirmaciones que se comparten y con las que, a menudo, se construye lo mejor de una comunidad cuando está pensando en su futuro.

Previo a la primera semifinal del concurso de coplas, el periodista Manuel Blasco presenta al pregonero Julián Sesmero. Las andanzas de Diego Jiménez Villaba, el Bollero, permiten proclamar la inocencia de las celebraciones y justificarlas como vía, no para ocultar lo que somos, sino para mostrarlo: “El carnaval pide que cada cual sea él mismo. Un rato, una hora, un minuto. Lo preciso, ciudadanos, para poner boca abajo la Historia…”. Están inscritas más de veinte agrupaciones que reivindican ser del Perchel, del Palo, de San Andrés, de Fuengirola, de Benamocarra, de Álora, de Marbella…; sí, porque entonces para presentar una murga o una comparsa antes había que tener una procedencia bien definida, tener a mano una pequeña Andalucía propia desde donde poder ejercer como miembros activos de una generación que quiere repetir en voz alta lo que es entre las cuatro paredes de un pueblo, un barrio, un pisito, o un escritorio con máquina de escribir Olivetti en la que poder teclear andanzas en formato copla y con el afán, esta vez sí, de ser escuchadas.

El público festejante ya sabe quién es Lino Bueno, uno de los autores más fecundos de aquel período; y los más enterados charlan en los descansillos sobre lo mucho que está siempre por arreglar: que si el jurado no entiende, que si la gente no se disfraza… Y para colmo,  Los de la ONU ganan el primer premio y la comparsa de Fernando Benítez, Fragua de carnaval, no acepta ser segunda y se retira con la amenaza de no volver. Es nuestra particular transición. Las agrupaciones se debaten entre quienes defienden la estructura musical y letrística de la comparsa gaditana como patrón a seguir, y quienes consideran que la murga cuenta con unas singularidades diferentes a las de la chirigota, según se había demostrado con la recuperación de las coplas republicanas entre 1979 y 1981. Un debate sin futuro, pero que tanto aportaría a los autores en su búsqueda por hallar un discurso propio.

La Asociación está presidida por el empresario Juan Zafra. El 21 de julio de 1982, Luis Melero, había logrado inaugurar su sede ante una mirada de indecisión del Alcalde que nunca se le borraría del todo ante las formas de esta fiesta. De nuevo la Olivetti. Estimado don Pedro, dos puntos, necesitamos más presupuesto para que Mari Carmen Donate y Diego Sánchez, elegidos Diosa y Dios Momo, con venticinco mil pesetas de premio (unos 150€), puedan lucirse. Le solicitamos que la agrupación ganadora logre un premio de doscientas mil pesetas de las antiguas, y para este dineral hay que prever once días de celebraciones con un presupuesto total de veinte millones de pesetas (unos 120.000€).  Suyos atentísimos… Un futuro que entretanto llegaba le abriría su puerta a don Francisco Flores y a Curro Flores, ambos revestidos en una misma persona: el concejal de cultura y el inspirador de tantas y tantas coplillas durante la década siguiente, y al que no habría forma humana de quitarle de la cabeza que dijera “desfile” en vez de “cabalgata”.

Una caseta en la Fuente de la Tres Gracias, actuaciones en el Eduardo Ocón, el Parque y en las principales plazas... Los Tumbaitos venían de hacer un safari y Manolo Gallego de escribirle a Los biznagueros. La Morrallita paleña de Chamizo era muy degustada por el público,  Garrocha defendía su primer premio del año anterior con el buen flamenco de Pepe Vergara;  las marionetas eran tan rebeldes como sus creadores: Paco Gallego, la familia Requena-Barrionuevo; Las zíngaras era el nombre de una murga femenina dirigida por Carmen Tortosa, y, los jazmines los traían desde Vélez la comparsa mixta de Pepe Luis Conde. Ah, y por una entrada en la final se llegan a pagar en la reventa hasta diez mil pesetas, con derecho, eso sí, a butaca en la primera fila del Parque para ver la traca de fuegos artificiales con la que don Carnal echa el telón.

Era 1985 y todos ellos fueron nuestros andaluces del futuro. Los mismos que, entre el presente y el día de mañana,  salían disfrazados de lo que fuera porque ya se hablaba del carnaval como reclamo turístico en plena estación invernal. La misma tradición que ellos habían recuperado del olvido. Una fiesta en la que Rafael Acejo ya presentaba las semifinales en el Alameda, y el escritor Enrique del Pino se emocionaba al escuchar de nuevo coplas llenas de risas y críticas; y Miguel González se ejercitaba como director de su particular Conservatorio; y con Los chiqui-chocas, Miguel Ángel Crespo, comenzaba también su trayectoria como diseñador. Era 1985 y Luis Melero, el primero en preguntarse si sería posible el carnaval sin el apoyo del Ayuntamiento, llamaba carnavalistas a los carnavaleros de entonces y a los andaluces que desde Málaga llegarían en el futuro siguiente.

© David Delfín

Publicado en DIARIO SUR. 30/01/2017

http://www.diariosur.es/carnaval/201701/30/andaluces-futuro-201701291909...

Fotografía: Comparsa Andaluces del futuro, 1985.

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