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Capítulo I. En busca del carnaval perdido... año 1979

Vie, 04/01/2008 - 00:00 -- CarnavaldeMalaga.com



            Los  primeros datos conocidos sobre actividades carnavalescas en  Málaga,  tras el fin de la dictadura,  arrancan en el  mes  de noviembre  de  1978  (1).  Sucedió  en  una  fiesta  infantil  de cumpleaños  y disfraces en el domicilio del malagueño José  Manuel Millán,  quien, ayudado por una guitarra, recordó algunas coplas antiguas del carnaval de Málaga de los años treinta, que su suegro le había entonado esa misma mañana, motivado por el disfraz que su nieta preparaba para la fiesta.  El auditorio lo componían Julián de  la  Maza y Ángel  Romero.

De la reunión, surgieron los primeros propósitos encaminados  a conseguir   la  ayuda  institucional  necesaria  para  revivir  la olvidada  fiesta  del carnaval,  lo que les condujo a  la peña  Los Ángeles donde un hermano de Ángel Romero,  José,  era directivo y allí  expusieron  su  intención al presidente de  la  entidad  don Manuel Cortés Gallego, quien se entusiasmó con la idea, ofreciendo todo  su ánimo y colaboración.  La peña Los Ángeles se  convertía así en el epicentro de la onda expansiva carnavalesca.

            Podemos afirmar que, superados estos momentos iniciales,  fue durante 1979 cuando  se consolida el proyecto de recuperación  de la fiesta del carnaval en Málaga. De tal manera que, será  durante  el primer semestre del año 1979 cuando José Manuel Millán Criado,  Julián de la Haza y los hermanos  Romero,  inicien una serie de indagaciones para recopilar datos y poder difundir lo que,  a  la postre, serían los primeros carnavales  tras cuarenta y tres años de ausencia. De este modo, a través de un mensaje lanzado en Radio Popular, instaron a toda persona que recordase datos, nombres y coplillas de los antiguos carnavales, a ponerse en contacto con ellos (2), además de decidir una visita al asilo para  ancianos de Los Ángeles a fin de recabar cuantos retazos pudieran quedar en la memoria de nuestros mayores (3).

Ahora bien, inevitablemente, fue don Manuel Ocón Dueñas -afamado cuchillero del Pasaje Chinitas (4), quien les abrió las puertas del antiguo carnaval al promover en su taller una reunión de un grupo de viejos murguistas que recordaron con entusiasmo  pasacalles, coplas y tonadas de aquellos años de la República Española, las cuales fueron recogidas en grabaciones por Millán, de la Maza y los hermanos Romero para, posteriormente, confeccionar un repertorio de coplillas. No fue una tarea fácil, ya que las discrepancias entre los veteranos murguistas surgían continuamente porque la misma copla era recordada de distinta forma por cada uno de ellos. Será sobre la base de estas coplas recuperadas como construirían un repertorio paralelo con temas actualizados.

            De estos primeros contactos, sabrían de las diferentes denominaciones de las agrupaciones carnavalescas: murgas, comparsas y coros; y de este modo, decidieron constituirse en murga, ya que según las explicaciones recibidas, era la modalidad más popular y fácil de llevar a cabo, optando por denominarse LOS MAHOMAS, por tratarse de un disfraz sencillo, dado que los hermanos Romero eran originarios de Melilla, lo que facilitaba la adquisición de las prendas morunas. Aunque, la singular historia del nombre de la murga no quedaría ahí, ya que en los días previos a la primera actuación en la Peña Los Ángeles, sucedería que el rotulista del cartel anunciador escribió: "ACTUACIÓN DE LA MURGA LOS MAOMAS". Esta supresión de la "h" no se rectificó y la murga añadió la coletilla (sin "h"). Definitivamente, la murga pasó a denominarse Los Maomas (sin "H").

            La  murga, debido  al desconocimiento general que sobre el carnaval existía, solía realizar unas explicaciones previas a su actuación sobre los antiguos  carnavales, y dando a conocer  cuándo  una coplilla databa de los años de preguerra y cuándo era una  versión actualizada.

            Una de estas letras recuperada del año 1916 para la historia del  carnaval,  fue  la que recoge la existencia de un trapero  de calle Carretería llamado don Francisco Sarmiento, quien al parecer, tenía  en  la  puerta  de su tienda  una  gran  cazuela,  vieja  y costrosa, que prestaba los sábados a su hijo que era campanero de la Catedral (5).

                                             

LA CAZUELA

Esta gran cazuela

que aquí les presento

ha pertenecido a don Francisco

chupa sarmiento

un señor muy gordo

de Carretería

que hace mucho tiempo

tenía puesta una trapería

La cazuela tiene un misterio

que nadie conoce

la cazuela ha pertenecido

al siglo catorce

la cazuela es de Paco el curita

que era campanero

de la Catedral

se lavaba los pies de los domingos

y luego los lunes

hacia una fritá (6).

 

            La murga utilizó la base de esta copillla para una nueva creación, en la que la cazuela sería sustituida por la política, un concepto más actual y acorde con la etapa de fines de los años setenta:

 

Esta melodía

que aquí les presento

está dedicada a la política

del momento.

Unos, contra el paro

otros, prometiendo

y la mayoría llaman a arreglar

a poner remiendos.

La política tiene un misterio

que nadie conoce

nos calientan el coco con ella

de día y de noche.

La política está paralítica

y a Carlos Haya

la vamos a mandar,

pues aquí sólo manda el paeo

la fuerza en el deo

y tres rollos más (7).

 

            Con las primeras actuaciones de la murga,  los resultados  de sus   investigaciones  y  sus  llamamientos  a  la  participación, llegada  la  feria de agosto de ese año,  Los Maomas (sin "H")  se convirtieron  en  la  atracción de la misma  con  sus  actuaciones gratuitas en las casetas durante todas las noches, llegándoseles a etiquetar,  incluso,  ¡como grupo folk! ,  haciéndose eco la prensa del  afán  investigador  del grupo en su empeño  de  resurgir  los carnavales (8).

En  agosto de este año queda consolidada la murga Los  Maomas (sin "H").  cuyos  componentes  definitivos  fueron:  José  Manuel Millán,  Ángel  y  José Romero,  Francisco Jiménez  de  la  Rubia, Antonio Aguilar y José Luis Gallardo Sarasua

            El proyecto de recuperar para la ciudad sus viejos carnavales se  cimenta aún más con el nacimiento de la segunda murga,  en  el seno de la peña Costa del Sol en el barrio de Huelin con el nombre de  Claudio y sus senadores,  bajo la dirección de Miguel González Arjona  y  estimulada por el presidente de la  entidad  don José  Vega Luque, la cual hizo su presentación en la caseta que la peña tenía ubicada en el recinto ferial, también en agosto de 1979.

            La  murga Claudio y sus senadores nació influenciada por  las actuaciones  que  Los Maomas llevaron a cabo por las peñas  de  la ciudad,  si bien,  la murga de Huelin asumió en sus coplillas, por un lado el carácter popular de los antiguos carnavales  malagueños y,   de  otro,  el  conocimiento que Miguel González tenía  de  los carnavales  gaditanos,  aportando  fragmentos  de  repertorios  de agrupaciones  de Cádiz.  Los miembros de la murga, que aludía en su disfraz  a la popular serie británica de  televisión  Yo.  Claudio,  fueron Pedro  Leiva,  Francisco  y  José Morón,  José  María  González, Bartolomé, Miguel Ángel Vega, Juan Andrés, José y Antonio León, Miguel González y Miguel Ripoll (9).

            La murga refleja en una de sus coplillas el entusiasmo general de la ciudad ante el inminente proyecto de rescatar la fiesta del carnaval:

                       

                       Claudio con sus senadores

                       y música del Bollero

                       quieren decirle dos cosas

                       a este pueblo malagueño.

                       Aunque jóvenes, queremos

                       conservar las tradiciones

                       y de ellas el carnaval

                       por muchísimas razones.

                       Todos los países tienen

                       un argot particular

                       y quitárselo supone

                       quitarle su identidad,

                       por eso queremos

                       que nos apoyéis

                       que haya carnavales

                       y los disfrutéis,

                       si pedimos juntos

                       se puede lograr

                       que todos los años

                       haya carnaval (10).

 

            Es pertinente resaltar la alusión que se hace en esta copla a la figura de El Bollero, popular murguista de los años veinte y treinta del barrio del Molinillo y Capuchinos (11).

            La murga, del mismo modo que los Maomas, desplegó a partir de su presentación  la feria de agosto y hasta el carnaval 1980, incontables actuaciones por peñas de la ciudad: Los Rosales, Puerta Blanca, La Paloma, Montesol; en fiestas como la del personal del Cervezas San Miguel e incluso, ya a fines del año setenta y nueve, en el festival pro-carnavales de Málaga que se celebraría en la Sala Falla del Conservatorio Superior de Música, donde actuarían junto a Los Maomas y los grupos de danza de las peñas El Carmen, Puerta Blanca, San Vicente y Carranque; todo, como actos destinados a la propagación de la semilla carnavalesca en la ciudad, de la mano de uno de los más entusiastas carnavaleros, aún en activo, de la ciudad, Miguel González Arjona.

Igualmente,  a fines del verano del setenta y nueve,  nace la tercera  de las agrupaciones de la ciudad,  alentada por la  murga Los  Maomas,  en el seno de la peña Los Angeles  con el nombre de comparsa  Blanca y Verde, y dirigida por Fernando Benítez  Ortega. La comparsa se creó en la empresa donde Benítez trabajaba, animado por  algunos de sus compañeros,  ya que éste,  natural de Cádiz  y antiguo  componente de agrupaciones gaditanas de  aquella  ciudad poseía los  conocimientos  necesarios para formar  una  comparsa. Prueba de esta circunstancia,  es que aunque la agrupación nació amparada por la murga Los Maomas,  Benítez optó por formar una comparsa según  los cánones  gaditanos,  consciente  de  las diferencias  entre  ambas modalidades. Lo que  contribuyó a que en un período de tiempo  tan breve  se  produjeran las primeras divisiones en cuanto a  estilos carnavalescos.

           

(INCLUIR FOTO MURGA CLAUDIO Y SUS SENADORES)

 

            La   comparsa  Blanca  y  Verde  estuvo  formada   por   once componentes: López Valle, Eduardo Jiménez Gómez, Antonio Carrasco, José  María  García,  José  María Pérez  Jiménez,  Rafael  Postigo Sánchez,   Miguel  Gutiérrez,  Antonio  Espinosa,  Antonio  López, Antonio  Garrido  y Juan.  El disfraz,  (camisa verde,  chaleco  y pantalón blanco,  y sombrero blanco y verde) aludía a los  colores de la bandera andaluza,  simbolizando el espíritu nacionalista que imperaba  en aquellos años,  como reflejo de la influencia que  la sociedad  tiene en la fiesta del carnaval,  como una  prueba más  del  claro conocimiento que tenía Benítez sobre la  finalidad principal de un grupo carnavalesco.

            A diferencia de Los Maomas (sin "H"),  la fuente principal de letras  y  músicas,  no estuvo (recordemos el origen  gaditano  de Benítez)  en los antiguos carnavales de Málaga  sino en repertorios de agrupaciones gaditanas.

 

Gracia y salero de Andalucía

cantando coplas de carnaval

y algunas palmas por bulerías

las que secundan este cantar.

Gracia y salero, viva Málaga la bella

recuerdo del mundo entero

y para bordar este día

que veáis gracia y salero de Andalucía.

Viva el vino moscatel

 y sus mujeres con gallardía

la Bandera blanca y verde

orgullo de Andalucía (12).

 

                                               (Comparsa BLANCA Y VERDE, 1980)

 

            Es conveniente subrayar la influencia que en posteriores años tendrá este hecho en el desarrollo y el hacer de los grupos malagueños, en cuanto a técnicas de afinación,  instrumentación, elaboración de las coplas... Lo que retrasará la impregnación de un auténtico sello malagueño a la fiesta, aunque por otra parte, acelera la incorporación de calidad en las agrupaciones. Luego habrá que esperar hasta los años 1982 y 1093 con la incorporación de agrupaciones de Álora y Fuengirola respectivamente, para que se observen nuevas tendencias (musicales y de afinación) en la modalidad de comparsa en Málaga.

            Paralelamente al nacimiento de las agrupaciones ya citadas, surgía en la ciudad un sentimiento común y generalizado, favorable a la fiesta del carnaval que tuvieron su reflejo en todas los estamentos sociales. De tal manera que en setiembre del setenta y nueve, aparece un artículo  de  D.  Enrique Del Pino Chica en Diario  SUR.  titulado "Hablemos del Carnaval de Málaga" (13).  En él,  Del Pino arremete contra los primeros detractores de un carnaval aún no reconocido oficialmente, y que (según el articulista) su posible recuperación enriquecería  el  "monto  cultural  de  la  ciudad"  (14).  En  el artículo,  se  alude  a la generación de malagueños nacida  en  la postguerra,   ignorante  de  toda  manifestación  carnavalesca,  a quienes  se  dirige mostrando las diferentes fases de la  historia del carnaval en Málaga hasta la II República -y sus dos carnavales paralelos:   el  de  la burguesía malagueña y el del  pueblo  llano (15)-.   Defendía,  asimismo,  la  idea de que la recuperación  del carnaval  sería  una  oportunidad  inmejorable  para  examinar  la tolerancia de una Málaga que,  al igual que el resto del país.  se incorporaba  a  la normalización de la libertad que  implicaba  la democracia.

Inevitablemente,   los   ecos   del   carnaval   llegaron   al Ayuntamiento,  donde  gobernaba desde las elecciones del  tres  de abril  y  gracias al apoyo del PCE al grupo  del  PSOE, don Pedro Aparicio Sánchez,  quien no dudó en su colaboración, tal y como se comprometió  en  el  primer  acto  institucional  pre-carnavalesco celebrado el martes once de septiembre en el Pub Pepeleshe (16).

            En  efecto,  la histórica jornada se inició al mediodía del once de  septiembre hablando de carnaval y concluyó con la afirmación por parte del alcalde Aparicio de la organización de los festejos del carnaval de 1980. Pepeleshe se dieron cita, el grupo de poetas Banda de Mar, los miembros de la asociación pro-tradiciones  malagueñas La Corachay una pléyade de  mandatarios de la ciudad tales como  el presidente de la Diputación Provincial Enrique Linde, Delegado del Ministerio de Cultura, presidente del Patronato provincial de turismo, etc.

De este modo definió Julián Sesmero el acto, en su crónica de Diario SUR: "Fue una reunión cachonda y divertida en la que cada cual caminó por las sendas de su inspiración o de su compromiso" (17). Fue Enrique del Pino el encargado de abrir el evento con una lección sobre el carnaval en general que anteriormente había reflejado en su artículo citado. Luego, fue presentada la comparsa Pepeleshe, dirigida por Luis Melero, que entonaría un repertorio de coplillas a modo carnavalesco:

 

                          En la Marina aparcarán los coches

                          junto a las caracolas debajo del mar

                          la gente dice que acabarán las obras

                          cuando toítos [sic] los burros consigan volar.

 

            Acto seguido a la actuación de la comparsa Pepeleshe, fueron los poetas de la revista Banda de Mar, quienes leyeron un manifiesto acerca de las propuestas literarias de Arcipreste de Hita en la Edad Media, la existencia de la risa, la ironía, y del canto satírico de don Carnal. Finalmente, los mandatarios malagueños tomaron la palabra ofreciendo su colaboración, cada cual desde su parcela, destacando el compromiso del Delegado de Cultura para la edición de un disco con la coplillas de la comparsa Pepeleshe, y el propósito de Aparicio de elevar el carnaval al "mismo rango que las fiestas populares de agosto". Como conclusión, el titular de la crónica de Sesmero: "Todos de acuerdo. Es posible la organización de los carnavales de Málaga".

            El análisis de todos los datos que poseemos sobre este primer carnaval, nos lleva a reflexionar sobre su curiosa forma de resurgir, dado su carácter familiar y no institucional; la rápida formación de grupos (si se compara con fenómenos parecidos en otras ciudades); la intuición generalizada de rememorar los antiguos carnavales, quizá por influencia de los comentarios orales de la generación que sí había vivido el esplendor de los carnavales de principios de siglo; y la temprana influencia del vecino carnaval gaditano. Igualmente, cabe intuir un cierto aire de "inversión política rentable" en torno al carnaval por parte de los recién llegados ediles y mandatarios locales, ya que suponía apostar por un símbolo inequívoco de progreso y libertad, valores muy ansiados en la etapa de fines de la década de los setenta.

 

 

 

 

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

 

 

 

1.-CARNAVAL, COSA DEL PUEBLO. Autor: Luis Melero (18)

 

 

 

 

             Si las tradiciones están arraigadas en el alma del pueblo, aunque se vean sometidas a presiones pasajeras que las anulen durante algún tiempo -sean meses, años o decenios siempre vuelven a resurgir.

             El carnaval de Málaga fue una tradición entrañable para la comunidad que habita esta ciudad no en la tierra, que dijo el poeta. O lo es todavía; ¿quién no ha escuchado a su madre o su abuelo cantar alguna de aquellas deliciosas murgas, desenfadadas e ingeniosas? Según nuestros mayores, eran un prodigio de inventiva, de buen humor. Eran fuente y objetivo de un folklore urbano que cantaba a los vendedores de arropías, al boquete de la Alcazaba, a un rabioso perro pachón, a los langostinos, a los pregoneros, vendedores modestos que en Málaga originaron verdaderos géneros flamencos, la jabera por ejemplo. Esa gracia andaluza (desprestigiada por el enorme caudal de retórica vana vertido sobre ella) imaginaba los mil y un esperpentos y se desparramaban por nuestras calles las más locas y divertidas ocurrencias.

             Con las calendas de febrero venía la fiesta a inundar de flores el parque y la población, a ratos mansa y a ratos fatalista, encontraba la tribuna cachonda y bienhumorada para hablar sin intermediarios. Los barrios se desbordaban en el centro, como en una simbólica toma de un hábitat que les estaba vedado.

             El del Rey Momo es un festejo que se adapta perfectamente a la personalidad sensual de los malagueños. Es, tal vez, el que más se aproxima a nuestra particular manera de sentir. Hay que ser malagueño para comprenderlo.

             No tenemos una feria como las de Sevilla y Jerez simplemente porque no ensamblan con nuestro estilo ni con nuestro paisaje, tan inadecuado para la trashumancia de la que tales ferias son herederas. Esto, dejando a un lado lo pésimamente manejada que está la malagueña.

             A Málaga, marinera, cosmopolita y abierta le va mejor el ritmo del carnaval, fiesta entre lúcida y mágica, consecuencia de los ritos paganos que, porque somos mediterráneos, practicamos desde la más remota antigüedad.

             Por eso está renaciendo. Sin que ninguna institución oficial lo convoque, sin que hayan salido los clarines de la burocracia a pregonar edictos dando luz verde al pueblo.

             Primero fueron Los Maomas (sin hache), de la peña Miraflores de los Ángeles. Comparsa pionera de este resucitado carnaval malagueño, es la que mayor número de apariciones públicas, ha efectuado.

             Vinieron luego Claudio y sus Senadores, de la peña Costa del Sol, excelente grupo que aunque se adapta a la ortodoxia de las viejas murgas, tiene un sonido vibrante y fresco, muy moderno, muy del gusto contemporáneo. Y todos sus componentes, diez aproximadamente, muy jóvenes, rebasando apenas algunos de ellos los veinte años.

             También la Peña San Vicente ha creado su comparsa que, dicen, es estupenda. Hay dos o tres más ya formadas y otras tantas en formación. Sin convocatoria oficial, sin estímulos. Porque el carnaval está en nuestras entrañas, y sin que nos demos cuenta y sin que nuestros prebostes se enteren, acabará por aparecer en las calles.

             El 11 de setiembre pasado se celebró un acto reivindicador del carnaval de Málaga, del que SUR dio cumplida cuenta. Allí, poetas, periodistas, cronistas y folkloristas expresaron su deseo de que el rescoldo se convirtiera en llama que las huellas del pasado esplendor de nuestro pasado carnaval que encontramos por doquier dieran paso a su resurrección convertido en celebración pública y colectiva. Asistieron las primeras autoridades y, en medio del regocijo de todos, se dijo que seguramente en el 80 habría carnaval.

             Los meses han pasado. Las nieves cubrieron el hemiciclo de montañas que rodea la bahía, el calor las ha fundido y desgraciadamente la realidad ha dado al traste con la promesa. Ya es muy tarde. Un carnaval hay que organizarlo, editar carteles, difundir la buena nueva, dar lugar a que las peñas y asociaciones simultáneamente con los concursos de comparsas y de carrozas, al menos con tres meses de tiempo.

             La fiesta está ahí; los días 15, 16, 17, 18 y 19 de febrero, previos al gris mustio del miércoles de ceniza, son los de la venia carnal. Y no habrá carnaval en las hermosas calles malagueñas. No habrá la alegría que sacuda el frío del invierno y prepare la llegada de la primavera. No habrá este año, este último año sin carnaval, la crítica jocosa ni el júbilo compartido.

             Miraflores de los Ángeles, Costa del Sol, San Vicente y varias otras peñas ya están preparadas. Con el estímulo de una convocatoria oficial, Málaga estaría en estos momentos cantando y sacudiéndose el malhumor y habría ya cuarenta o cincuenta comparsas dispuestas, creando música y poesía popular. Pero aún sin tal estímulo, contamos ya con cinco y otras tantas que se darán a conocer pronto. Porque el carnaval es cosa del pueblo evidentemente.

             Los oídos del Olimpo fueron sordos a las voces que se alzaban de las profundidades y confundidos creyeron que venía del Averno. Pero el pueblo sigue su marcha, porque al fin y al cabo él es el soberano.

             ¿Apuestan, ya que este año ha pasado inasible sobre nuestras cabezas, que el revival del Carnaval de Málaga el año próximo, si Dios quiere, será aún más esplendoroso que el de los años 20?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

 

 

 

 

(1) Entrevista personal a Julián de la Maza, Málaga 23/12/89.

(2) Id.

(3) Entrevista personal a Francisco Jiménez de la Rubia.  Málaga. 18/2/92.

(4) SESMERO.  J.:  Hechos,  Gentes y Curiosidades de Málaga.  Ed. Bobastro. Málaga 1988. pp. 465-472.

(5) SESMERO J.:  "Recuerdos del carnaval de Málaga".  Diario SUR. Málaga 1983.

(6) Archivo personal de Francisco Jiménez de la Rubia. Inédito.

 NOTA: Según  este  archivo,  existen unas diferencias con  la explicación que sobre la copla de la cazuela ofrece Sesmero.  Así, De  la  Rubia puntualiza  en su archivo,  que   trata  de  una tonadilla del año 1912,  sitúa la ubicación de la trapería en  el tramo  de  calle Carretería,  esquina a calle Tejón  y  Rodríguez, asimismo, la fecha  de  antigüedad de la Cazuela en el siglo  XIV  y discrepa  de  Sesmero en la actividad del hijo del trapero  en  la Catedral, quien no era campanero, sino monaguillo.

(7) Entrevista  personal con Juan Requena y Dolores  Barrionuevo. Málaga 3/2/90.

(8) Diario SOL de España, agosto de 1979.

         (9) Entrevista personal con José León. Málaga 25/1/92.          

         (10) Grabación  de  la murga CLAUDIO Y  SUS  SENADORES,  Estudios Polifonía. Málaga 1980.

     (11) Cf.:  GARCÍA,  M.J.: Málaga  era una fiesta,  Ed.  Primtel. Málaga 1991. pp. 184-185.

             SESMERO. J.: Op.cit. pp. 94-95.

                  SESMERO. J. Diego Villalba. El Bollero. Diario SUR. Málaga 7/1/88.

          (12) Entrevista  personal  a  Fernando  Benítez  Ortega.   Málaga 11/4/92.

          (13) DEL  PINO  CHICA,  E.:  "Hablemos del Carnaval  de  Málaga". Diario SUR. Málaga 9/9/79.

          (14) Id.

         (15) Cfr.GARCÍA.M.J.: Op.cit. pp.95-101 y 111-120.

         (16) Diario Sur, Málaga 11/9/79.

         (17) SESMERO, J.:  "Es posible la organización de los carnavales de Málaga". Diario SUR. Málaga 12/9/79.

         (18) Diario SUR, fines de 1979. Archivo personal de Miguel González Arjona.

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